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De recuerdos y del futuro.

Año 1994.

Recuerdo que el menemismo estaba haciendo estragos en mi casa y el trabajo de mi papá no rendía. Yo era un pendejo de 16 años, estaba en el secundario y era una máquina de chupar guita. A esta altura, la escolaridad de mi hermana estaría recibiendo media beca, y habría meses de colegio adeudados.
Yo era todavía un adolescente que a duras penas sostenía un estándar de vida de clase media suburbana.

Mitad de año sería. Me acuerdo de un canguro de color azul, con un estampado de un azul más oscuro que se repetía por todo el buzo. Tenía zapatillas New Balance y un pantalón de jean que se achupinaba, posiblemente Motor Oil.
Salía temprano de casa. Nos encontrábamos en el bar de una estación de tren de alguna localidad del sur del Conurbano. Como no existían ni celulares ni email, establecíamos el lugar de encuentro el día previo. Mi jefe, mi primer jefe, de quién no recuerdo el nombre, nos invitaba un café a los 4 promotores y nos repartía fotocopias de la Guía T con un recorrido marcado con resaltador. Esas calles teníamos que caminar durante toda la mañana, ofreciéndole a comerciantes de los rubros almacén, fiambrería y/o kiosco un folleto con el detalle de heladeras comerciales con puerta de vidrio, marca Gafa, ideales para las nuevas latitas de gaseosa. En aquella época eran toda una novedad, las latitas y este tipo de heladeras.
Los cuatro promotores recorríamos los diferentes barrios (Temperley, Burzaco, Quilmes Oeste, El Jagüel, etc) y entregábamos el folleto. Al día siguiente hacíamos el mismo camino, recolectándolos, y consultando a cada comerciante acerca de su interés por recibir mayor información. Al tercer día mi jefe iría a visitarlos, con la propuesta comercial.
Listo, eso era todo el trabajo. Hechas las cuadras comprometidas en la Guía T, éramos libres de volver a casa, y de allí al colegio.

Mi viejo, una noche cualquiera, y antes de cenar, se me acercó a conversar, como casi nunca en su vida. Me dijo que tenía una persona conocida, un cliente al que le entregaba mercadería, que andaba necesitando gente para un laburo. Ese cliente sería luego mi jefe.
Torpemente, me dió a entender que ya no podía mantener mis costumbres de consumo menemista: zapatillas de marca, entradas para recitales de las estrellas que ahora sí venían a la Argentina, camisas Charro o los modernos compact disc (jamás fui a muchos recitales, nunca tuve más de 2 pares de zapatillas, pude haber tenido 2 o 3 camisas de marca y sí, algunos de esos compacts todavía me acompañan. Todo esa ya había dejado de ser un milagro del uno a uno, para convertirse en una necesidad).
Me dijo mi viejo que yo tenía que ir a ver a este tipo al día siguiente, y me dijo también que me iba a hacer bien tener mi propia plata. Estaba a punto para mi primer trabajo.

Terminaba cuarto año. Ganaba mi propia guita, con un laburo muy fácil de un par de horas por la mañana. Me pagaban en negro, un básico más una comisión por las operaciones que se cerraban gracias a mi intervención. Jamás supe si me estaban pagando cada una de ellas, jamás supe que pasaría si me accidentaba durante mis horas de trabajo, jamás supe siquiera si alguna vez se entregó realmente una de estas heladeras. Yo trabajaba y estudiaba, Me*em volvería a ganar una elección y yo ni siquiera tenía edad para votar.

Estaba pasando de todo, silenciosamente. Mi familia se caía a pedazos, el barrio, mis amigos, el colegio, las fábricas, el empleo, el país. Las cosas se caían y uno no escuchaba el ruido. Estábamos entretenidos mirando Grande Pa, y pidiendo a gritos que se vendiera de una vez Entel. Estábamos endeudados en cuotas, estábamos precarizados y flexibilizados. Estábamos yendo a Disney...

Mes de Diciembre. Año 2009.
Tengo 32 años, y pasaron rápido.
De profesión, ex empleado con sueños.
Hasta hace 3 días aporté a mi jubilación, ahora estatal, y hasta hace un ratito fui alumno. Acabo de terminar el curso de fotoperiodimo y ya no tengo trabajo. Renuncié porque tuve ganas.
Llevo trabajando casi ininterrumpidamente por 15 años y decidí que es un buen momento para cambiar, para ser un poco irresponsable, para jugarle una fichita a una posibilidad, a un sueño. Me cansé del jefe, del sueldo a fin de mes y de los días que son todos iguales. Ya no quiero que los demás me exijan, sino que quiero ser yo el que me exija a mí mismo. Quiero aprender, quiero sorprenderme y quiero ser bueno en lo que haga, porque quiero triunfar.
Si soy un buen o mal fotógrafo, eso no importa, eso lo decidirán otros. Pero nadie podrá decir que no lo he intentado, porque ya estoy haciéndolo.
Me espera la provincia de Jujuy, me espera gente que tiene mucho para enseñarme, me esperan lugares tan simples y tan lindos como este:



Falta poco.
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No se consigue en Facebook


Sentirse honrado por gente a la que uno quiere debe ser algo que a MasterCard todavía no se le ocurrió para una de sus inefables publicidades.

Análogamente, comer un asado (o patys a la parrilla, tanto faiz) y disfrutar de una buena noche al calor del fuego, rodeado de gente querida y conversando largo acerca de (completar con lo que uno prefiera) es algo que por el momento no se consigue en Feisbuc.

Pues estas dos ideas, que tejí en berretísima analogía, es algo que experimenté en las pretéritas jornadas que anteceden a mi triunfal (?) despedida de los anales de la historia contemporánea de ByT Argentina. Porque tener a un montón de gente querida, consumidora de carne y sustancias, reunidas con la excusa de dar despedida a quien escribe estas líneas, es por lo menos agradable. Seguido esto de las borrosas memorias de unas charlas que rozaron lo sagrado, no solo por la sumatoria de delirios que se entretejían cual trapo rejilla, sino porque también hubo momentos de devolución de gentilezas, pedidos de disculpas y abrazos de fraternidad que merecen mis respetos y agradecimiento, es la condición necesaria para lo que yo considero como la verdadera amistad. Al menos esa amistad de vieja escuela, que es la que más nos complace.

Y si a la ocasión le faltó pompa, es que nos gusta así, en una casa de generosas terrazas donde florecerán geranios y jugarán las niñas, unos pocos carbones y unas cuantas botellas que avivaron los fuegos de las anécdotas que unos y otros desplegamos en histriónica representación.

Peligrosamente cerca de la vergüenza ajena fue llevado quién escribe estas líneas. Hecho su mejor papel de bufón, sintiose rey por un rato haciendo reír a su corte mientras demolía los últimos resquicios de persona seria e inmolaba su imagen para las cámaras de la TV (digamos que todo esto no pasó taaaan así, pero sí es cierto que la persona que escribe estas líneas se hizo el payaso, y sus pelos batidos por obra y gracia del alcohol, la desidia y otras sustancias prohibidas fueron parte importante del hechizo).

Saberse genuinamente querido, a pesar de sus asumidas falencias, es para él, como para cualquiera, como una caricia al alma, como una frazada para el friolento, como un echarpe para el anciano. Es emoción y gratitud.

En fin, una noche más de amistades refrendadas, de viejas historias que se escriben de nuevo, de lugares que uno va dejando para generar nuevos espacios. Lugares y amigos que sabe (aunque no lo diga) que le duele dejar, pero que llevará en su esencia adonde sea que el viento lo deposite.


Esto es todo, compañeros.

Gracias y hasta pronto.


Mariano "Pipi" Iñiguez

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Hay Evo para rato

La comunidad boliviana en Buenos Aires, por primera vez en la historia, votó para elecciones presidenciales de su país de origen.
Hubo corridas, amontonamientos, empujones, gritos y muchas ganas de votar. Eso fue lo que más me llamó la atención, porque hubo gente que esperó para votar desde las 6 de la mañana. Y las colas para entrar al estadio y votar tenían, como mínimo, 4 cuadras de largo.
Me sorprendió, realmente.
Para ver video de la entrevista a Evo del programa de Presidentes de Latinoamérica del Canal Encuentro, ir acá
Para ver más fotos: http://www.flickr.com/photos/marianofotografias/
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A viajar que se acaban las sandías

Ni el título se salva. Es que ando incoherente y corto de palabras.
Debe ser un problema de edad, o tal vez sea que trabajo todo el día respondiendo emails de gente inconsciente que, a pesar de Carrió, se apila en el mostrador de una aerolínea o un consulado (a veces las dos cosas) e insistentemente lucha contra su inteligencia para visitar nuestro país. Esa lucha tiene sus vencedores (ellos, los visitantes), y perdedores (nosotros, los que tratamos por todos los medios que lleguen solo los más capacitados), y si toda esa ingeniería puesta al servicio del turismo tiene sus costos, los costos los paga este blog, que no recibe nada más inteligente que una foto de un tren y una estación que invitan a hablar largo y tendido, pero donde solo encontrará el lector una sarta de incoherencias a la altura del daño neurológico que la industria sin chimeneas provoca en sus raídos proletarios.
Hay que viajar menos, eso creo hoy. Hay que hinchar menos los huevos.
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Catch



Este es mi último trabajo fotográfico terminado.
Es mi trabajo de fin de curso de fotoperiodismo.
Estoy contento, creo que quedó mejor de lo que esperaba.

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Dolina, la metáfora y los espejos.


Esta foto es una metáfora de la pesca.
Digamos que es una metáfora de la pesca porque tiene ciertos elementos que denotan pesca, a saber: sillas de playa, algo que podría ser una caña de pescar enfundada en su envoltorio, o funda, las rampas de acceso a un puente peatonal que conecta la vereda del Aeroparque con la vereda de la Costanera Sur, donde se pesca. Pero es una metáfora, principalmente, porque en ningún lado se ve la pesca en sí. O sea, no hay pescador, no hay pescado, no hay caña, ni anzuelo, ni siquiera agua. Está la pesca, pero no está visiblemente allí.

Aprendí en el secundario que una metáfora es algo que se dice (o escribe) que está en lugar de otra cosa, que sin embargo se encuentra aludida. Para ser un poquito más científicos, digamos que una metáfora es: aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente... (diccionario rae.es) Así, pues, mi foto denota la pesca, pero no literalmente (o gráficamente).

En este primer video (no aprendí a poner videos como lo hace la gente que sabe, así que lo agrego como un link, que eso sí lo se hacer) vemos como la derecha argentina y, principalmente, una expresión de la derecha iberoaamericana muy meritoria, no hacen uso de la metáfora, ya que sus postulados son a todas luces literales, faltos de gracia y estúpidos. Hacia el final, una bonita reflexión de Alejandro Dolina, diciendo las mismas cosas que yo pero con un poco más de vuelo.

Yo creo que la metáfora es hermosa. Es una construcción gramatical de extraña riqueza, que hace uso de las diferentes capas de sentido que utilizamos permanentemente en el acto humano de la comunicación. Tiene un trasfondo cultural enorme, puesto que para que la metáfora sea efectiva, y que se cumpla con el cometido de transmitir un mensaje, este recurso lingüístico debe incorporar elementos no explicitados, códigos compartidos entre los actores de la comunicación, sentidos y contrasentidos, que nos permiten entender y dar a entender un mensaje que trasciende lo lingüístico para transformar ese acto en todo un acontecimiento cultural. La metáfora es cultura y también es arte, pero también es persuación. Veamos que tan persuasiva puede ser una metáfora en la voz de un capo de la comunicación, que dice cosas como ésta, y vaya que se entiende lo que nos está diciendo.

Como hemos visto, Alejandro Dolina, tipo inteligente y leído, hace un uso supremo de la metáfora para darnos un esclarecedor mensaje. Debo confesar que yo, pequeño y tonto como soy, admiro profundamente a un tipo que nos puede decir con esa soltura y claridad, algo tan complejo como la construcción de la realidad que hacen los medios de comunicación. También está haciendo una crítica, un llamado de atención acerca de la percepción que negros y blancos (le está hablando poderosamente a los laburantes, a la gente de a pie. Una metáfora dentro de una metáfora) tienen acerca de ellos mismos y, lo más elogiable, es que lo está haciendo con gracia, con un finísimo sentido del humor. Nada que ver con los dos boludos que vimos antes, y no estoy siendo metafórico.

Este fue un post para pensar, traído a Ud. por FotoMundo, un programa hecho con...¡¡¡AMOR!!!



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Ni a palos D'Elía

Digamos que el tipo se ganó la mala prensa.
Digamos que el tipo es de esos que no andan con vueltas para decirte las cosas que piensa.
Digamos que el tipo siempre tiene un argumento y desde ahí se planta y te la pelea a cuchillo.
Digamos que el tipo habla mucho, y muchas de las cosas que dice suelen caer mal en ciertos círculos conservadores.
Digamos que el tipo es peronista, es suburbano y no le cabe ni un poco la "intocabilidad" y la victimización que hay en todo lo que tenga que ver con Israel y el judaísmo.

No, no estoy haciendo una autorreferencia, estoy hablando de Luis D'Elía.

Conocemos su pasado piquetero, su presente más mediático y sus frases célebres ("odio a la puta oligarquía" o "lo desangelé, Peña", por citar solo algunas). Como nunca antes, en estos últimos años, D'Elía tuvo pantalla y titulares. Con la habilidad que los caracteriza, nuestros comunicadores comenzaron a construir un demonio a partir de dos o tres elementos (la toma en la comisaría de La Boca, la piña en la Plaza de Mayo y su enfrentamiento mediático con Fernando Peña) que, bien preparados y salpimentados por la patria periodística, hicieron de D'Elía poco menos que un Hitler negro.
Cuando sus "escándalos" comenzaron a ser interesantes para los medios de comunicación, yo me permití explorar un poco más al personaje y empecé a escuchar un poquito mejor que era lo que el hombre estaba tratando de decirnos. Y nada mejor que conocerlo en persona para sacarme las dudas. Así que cuando tuve la oportunidad, les plantié a la gente de Ni a Palos la posibilidad de hacerle una nota.
De más está decir que me pareció un tipo sincero, de convicciones y con una historia rica que lo hicieron lo que es: un provocador, una persona audaz con la acción y con la palabra. Tiene un pensamiento propio envidiable, aunque no deja de presentar matices y relieves, como cualquiera de nosotros.

Ojalá pudiera decir más cosas sobre D'Elía, pero entiendo que todo lo que diga de él va a estar condicionado por el nivel de controversia que ha sabido generar en cada una de sus intervenciones. No soy quién para decir que está bien y qué está mal de su conducta. Solo me permito mirar un poquito más allá de lo que quieren decirnos de él, justamente porque aprendí a darme cuenta que si se habla tan mal de alguien en ciertos círculos, es porque esos círculos necesitan del desprestigio ajeno para ocultar el propio.
Creo que un buen comienzo para saber de qué está hecho D'Elía es empezar por la nota titulada "La gran bestia (Nac &) Pop"
Ah, las fotos son mías!
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Mañana extraordinaria

Me senté frente a la computadora, como todas las mañanas. Me puse más o menos las pilas las primeras dos horas, sacando el laburo más urgente y más fácil. Como todas las mañanas, abrí primero el Página 12, después La Nación y Clarín. Le dí una mirada a las noticias, reforma política, repercusiones de aquí y allá, las escuchas telefónicas de Macri, esas cosas. Volví a los mails, me interrumpió el teléfono unas cuantas veces, preparé unos mates, y me hice el payaso un rato, como todas las mañanas. Llegó el turno de repasar Télam, y me encontré con la grata sorpresa de que habría cadena nacional de Cristina al mediodía, antes de viajar a Chile. Upa, dije, se viene una sorpresita.
Como todas las mañanas, cayó Ariel a mi escritorio a robarme un mate. Ya tenía abierto el Canal 7 online, esperando la cadena nacional. Se sumó Coqui al mate y a la transmisión.
El anuncio.
Primero emoción, como casi todas las veces que escucho a la presidenta. Después alegría, y finalmente esa sensación tan cercana a la felicidad. Cristina lo había hecho de vuelta. Cristina estaba ahí dando una nueva lección de política, renovando una vez más su compromiso con el pueblo y, principalmente, poniendo un granito más en la lucha contra la desigualdad social. Cristina estaba ahí, en mi pantalla, haciendo de mi mañana normal una mañana extraordinaria.
Inmediatamente pensé en un post para este blog tardío. Iba a tener una foto y dos o tres palabras, porque ya estaba todo dicho. La primera imagen que me vino a la mente fue la de este pibe, uno de los beneficiarios del nuevo anuncio. Me pregunto si sabrá que hoy han hablado de él, que hoy festejamos por él, que a pesar de ser un pibe anónimo, hoy me acordé de él, felizmente.
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Un extraño en tu pueblo



Miró el reloj. Todavía faltaba un buen rato para que saliera su micro (colectivo se le dice acá). No quería mostrarse nervioso, aunque había acabado un segundo cigarrillo, y estaba a punto de encender el tercero. Se dió cuenta del desatino, y prefirió regresarlo a la cajita. Volvió a su diario, como para mantenerse ocupado y olvidarse un rato de la incomodidad de las miradas ajenas. Ese diario tampoco lo dejaba completamente impune. Por estas tierras no se consigue, a lo sumo Clarín o La Nación.

Ese viejo seguía mirándolo con ojos de hiena, justo enfrente de él. No parecía estar esperando nada en esa tarde fría de domingo. Estaba solo y sin equipaje. Daniel F. creía que el viejo se había puesto de acuerdo con la minita que estaba a su izquierda. Cuando el viejo se daba vuelta y dejaba de mirarlo, entonces era ella la que le prestaba atención. Y viceversa. Una o dos veces pensó en levantarse y preguntarles si necesitaban algo, pero juzgó que esa movida lo dejaría en evidencia, mucho más. Vos sos el extraño allí, y debés soportarlo en silencio. Además, no había ninguna necesidad de empezar una discusión en ese lugar, mucho menos dar motivos a nadie para llamar a la policía. En estos pueblos todos se mueven corporativamente. Digamos que se pueden cagar a tiros por unos cuernos, pero siempre saldrán a defenderse si se trata de un extraño como vos. Mejor dejate de joder, bajá la mirada y hacé como que no te das cuenta. Volvé a tu diario, Daniel F. Prendete el pucho ese que devolviste a la cajita, y hacete el boludo.

El clima hostil de este pueblo de mierda lo había perturbado desde su llegada. Fue a pedir ayuda al barcito de esta misma terminal, y aunque estaba seguro de que la camarera sabía muy bien lo que le estabas solicitando, ella prefirió decirte que no sabía adonde queda ese lugar que el extraño insistía en preguntar. Le diste toda la información que tenías, pero la chica siguió negando con la cabeza. Tuviste que tomar un remís por unas pocas cuadras.
Ya de regreso, compraste puchos en un kiosco, y te animaste a preguntar por el tren (siempre preferiste viajar en tren). Tampoco le dieron la ayuda que necesitaba, y solo supieron decirle adonde queda la estación. Nada de horarios ni de precios, como preguntó. Hiciste lo tuyo, y volviste a la terminal de micros. Te sentaste a esperar la salida del próximo colectivo, medio escondido detrás del Página, medio relojeando al viejo, a la mina y a la puerta de ingreso. Estás nervioso y se te nota. Estas hienas lo huelen. Vos no sos de acá. Tu ropa te vende, tu diario, tu peinado, hasta la marca de cigarrillos lo vende.

Vuelvo a mirar el reloj, y el destello azul de la baliza de un patrullero te hace dar un salto. Tuviste la lucidez de esconder la prueba del delito en un tacho de basura, pero me quedaron manchas en toda la mano. Eso me hace sospechoso, no jodamos. ¿Y si alguien me vió? Me fijé bien. No había gente en la calle, las persianas de las casas estaban bajas y era la hora de la siesta. Pero nunca se puede estar seguro en un pueblo de mierda como este. Carajo, la cana no.
El patrullero pareció seguir de largo. Vamos, ni siquiera viste que fuera la policía, solo percibiste un destello azul. Decidís que es mejor asegurarse y vas a pispear a la puerta, haciéndote un poco el boludo. Nada, ningún rati a la vista.
Otra vez ese viejo mogólico que se dió vuelta para mirarme. Ni que hubiera cometido un crimen, pensás y sonreís. ¿Me habrá visto? Entró a la terminal justo detrás de mí, y a juzgar por su apariencia, no tiene la menor intención de tomarse un micro. Solo me mira, y circunstancialmente saluda a algún otro viejo que anda por ahí.
Por fin ves que tu micro estaciona en la plataforma. El cartelito dice Retiro, así que no tenés ninguna duda. Salís con tu mochila y te parás junto a la puerta del colectivo. Apenas el chofer termina de revisar el boleto, sube como un rayo y se acomoda en el último asiento, allí donde nadie lo puede ver. Sigue subiendo gente, gente que no sabés de donde salió, pero que está en otra . Ya nadie se fija en vos y empezás a tranquilizarte. Escucha que se cierra la puerta del micro, y se estira relajadamente en el asiento.

¡Imposible! El viejo sale de la terminal y da unos cuantos pasos en dirección al colectivo. ¡Arrancá mierda, arrancá! El viejo parece hablar. Gesticula, levanta un brazo, se apura. El micro empieza a moverse marcha atrás, despacio, mientras ves que el viejo cobra mayor velocidad. Daniel F. lo ve acercarse, caminando rápido pero con dificultades, blasfemando y alzando los brazos, señalando en su dirección. Vamos chofer, acelere por dios, pensás o gritás, qué importa. Tenés miedo porque ya no hay dudas de que él lo sabe todo. Ese viejo choto te vió escribir la pared, te vió tirar la lata de aerosol en un tacho de basura camino a la terminal y te vió cuando tratabas de limpiarte las manchas de pintura en el baño.
Ya no te quedan dudas. El viejo sabe que quién escribió "Viva Kirchner" en una pared de su pueblo fui yo.



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Cumplir un sueño














Franco Morresi, Satan Dealers.
Niceto Club, Buenos Aires.

Nos han enseñado a ser buenos hijos, buenos alumnos, buenos trabajadores, buenos padres. Nos enseñaron los 10 mandamientos, a comer con la boca cerrada, a hacer la tarea, a no matar. Algunos nos perfeccionamos en la universidad para ser mejores en aquello que tenemos aptitudes, para triunfar en el mercado laboral, para ascender socialmente. Y, por lo general, cumplimos con ese cometido con todas nuestras energías. Está quién forma pareja, compra una casa y poco a poco adquiere una entidad social respetable. Es buen vecino, corta el pasto y va a los cumpleaños cuando es invitado.
Sin embargo, existe un grupo de personajes que se resisten a llevar ese estilo de vida que toda madre sueña para su hijo, que todo docente desea para sus alumnos, que todo/a novio/a busca en su pareja.
Podemos llamarlos rebeldes, yo prefiero llamarlos soñadores. Van en contra de lo socialmente establecido, avanzando lentamente pero a paso firme. No aceptan las cosas como están dadas, se rebelan contra aquello que no les permite concretar su objetivo, se enorgullecen de ser distintos.
Reparten sus energías en trabajos que detestan mientras se perfeccionan en aquello que desean. Invierten su dinero en pos de ese objetivo, relegando otros lujos, autoimponíendose limitaciones que no interfieran con la concresión de su ambición. Se comprometen, luchan, se frustran y vuelven a empezar. Siempre creyendo que el objetivo, el sueño, está allí, a la vuelta de la esquina.
Quién sabe si lo logren. El camino es difícil, y la realidad es hostil. El mundo, la sociedad, no están preparados para ellos. ¿Será que ellos están preparados para el mundo? Como saberlo...
De todas maneras, los soñadores son gente terca y seguirán intentándolo.
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Welcome to La Boca

República de La Boca, 5 de la tarde masomenos.

La Boca es indiscutiblemente uno de los barrios más emblemáticos de Buenos Aires. Turístico, pero hasta ahí nomás. Villero, pero pintorezco. Peligroso, porque me lo contaron. Tiene en sus genes algo de la cultura argentina que nos caracteriza como pueblo, porque es contradictorio como solo un argentino podría serlo. Genialidades artísticas de Quinquela Martín, rebusque a gran escala de cientos de personajes que tratan de sacarle unos pesos a los turistas, un café Havanna instalado en lo que fuera un conventillo de inmigrantes pobres, casas de colores frente a un río podrido por la quietud.
La Boca es símbolo a la vez de la decadencia de una sociedad que hacina a sus pobres en las orillas de una ciudad que todavía repite que fue la 5ta economía del mundo, el granero, etc, con la prosperidad de un pueblo que nunca se dió por vencido, que se organizó desde sus bases para refundarse, y destruirse a si mismo interminables veces. La Boca lo tuvo todo: su primer cuartel de bomberos para salvar del incendio a los los conventillos para inmigrantes, expresiones artísticas populares, como comparsas, tangos y milongas, huelgas proletarias y hasta una república independiente con su bandera.
Es frecuente que un xeneize marque distancia de cualquier otro argentino, apele a un sentir boquense de difícil acceso para un extranjero, y saque chapa de un orgullo especial por haber nacido o haber vivido en sus calles. Nada muy diferente con cualquier argentino que decide cruzar la frontera, salvo que éste, cuando está en su país, se dedica muy especialmente a denostar cualquier cosa que lleve los genes argentos, junto a compatriotas que lo escucharán en silencio y asentirán todo lo que este diga.
Volviendo a La Boca, entre sus gemas tiene no solo el olor a mierda de su río, las casitas de colores y el patriotismo de cabotaje, sino que alberga al club de fútbol más grande de la Argentina, el más argentino del mundo, el de mayor identidad de todos. Pasionales y un poco nostálicos, los hinchas de Boca recorren de punta a punta el espectro social y geográfico de la Argentina, donde todo está permitido.
Hoy, La Boca es símbolo de prosperidad, de una tendencia a la auodestrucción, de una facilidad para el eterno resurgimiento. Como lo fue con sus inmigrantes de antaño, como lo seguirá siendo porque así está marcado en nuestros genes.
La Boca tiene algo de todos nosotros, indiscutiblemente.
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La ley, nuestra ley

La nueva Ley de Servicios Audivisuales es nuestra.
Por ellos, por nosotros, porque nos la merecemos.
Gracias Cristina.

más fotos: http://www.flickr.com/photos/marianofotografias/
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Patria o

Clarín.
Hace unos 10 años yo estudiaba en la Universidad de Lomas de Zamora una carrera del área de comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales. En ese momento, el nombre Kirchner no se conocía, como tampoco se conocía el de Sergio Bergman. Sí existía una incipiente discusión acerca del poder dañino de los monopolios en la construcción de sentido de la sociedad. Por aquel entonces, ya se hablaba de la necesidad de una nueva ley de radiodifusión que reemplazara a la de la dictadura. Y, por aquel entonces, ya había probadas razones para realizar el cambio.
Hizo falta bastante tiempo, la llegada al gobiernos nacional de una mujer, el voto no positivo de un hijo de putas, la marcada intencionalidad de un grupo multimedios, para que finalmente se llegara adonde estamos hoy.
A la luz de los acontecimientos, pareciera que la sentencia escrita en esta pared tiene más vigencia que nunca. Son pocos los que, de un lado o del otro, no sienten esta batalla como la madre de todas las batallas. Porque ya no quedan dudas de que se está discutiendo no solo la calidad de la información que recibimos todos los días, sino también el nivel de independencia que somos capaces de darnos frente a las ataduras y bajezas que durante años tuvimos que soportar como sociedad.
En estos meses hemos aprendido de qué manera son capaces de controlarnos, como podemos transformarnos en meros repetidores de eslóganes y clichés. Aprendimos como somos atravesados por el discurso hegemónico, al punto de hablar y hacer lo que nos dicen que hablemos y hagamos. En el mejor de los casos, somos conscientes de ese fenómeno, y nos mezclamos entre el montón para obtener algún rédito o intentar sostener lo que se cae (escribo esto y pienso en Cobos, en De Angeli, en De Narváez, en Carrió, etc). En el peor de los casos, somos parte de un vergonzoso ejército de zombies que repite "mordaza, leicá y censura", como antes lo hicimos con "caja, expropiación y conchuda".
Nos han manejado con una comodidad durante tanto tiempo que da bronca. El que diga que a él/ella nunca le pasó, miente. Pero justamente, como somos conscientes de lo que fueron capaces de hacernos, es que hoy somos lo suficientemente fuertes como para levantarnos frente al opresor y decirle en la cara: ya no te quiero más.
Esta nueva ley tiene todas las garantías de ser una buena ley, porque lleva la estampa de todo un pueblo que desde hace al menos diez años viene trabajando por dejar de ser invisible, mudo y esclavo. Será una buena ley porque ya no queremos que nos digan lo que somos, sino que queremos contar como somos, nosotros mismos.
El próximo viernes tenemos que estar orgullosos. Estaremos haciendo historia.
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Una vacación a oscuras

Hace un año ya, Octubre 2008, me fui a conocer el famoso Cabo Polonio, República Oriental de los 33, lugar de vacación de cierta aristocracia mediática argentina y snob, que año tras año le gusta probar nuevas sensaciones. Como un Marley comiendo arañas pollito, o una Susana resucitando dinosaurios, estas gentes se animan a cualquier cosa, entre lo que cuenta atrevimientos tales como no bañarse, comer pescado frito todo el día y no pagar la cuenta de la luz.
Cabo Polonio resultó ser un hermoso pueblito costero (o esteño, como llaman los uruguayos a casi cualquier lugar que se acerque al mar. No solo Punta del Este merece un apelativo tan concheto), habitado por unos cuantos hippies septuagenarios y otros que se fueron convirtiendo post-tinelli. Eso ocurre, claro está, mientras uno no cometa el error de visitar el cabo durante el verano. Yo no lo hice, así que solo podría arriesgarme a decir (cuento con la información precisa de la única mujer que vi en los días que estuve allí, la señora del único restaurante de la única calle principal, que servía el más rico sánguche de pescado ever) que durante los meses de éxodo porteño uno bien podría compartir la vista al Faro, o la poca agua del pueblo con Florencia Raggi, Nicolás Repetto, sus múltiples hijos y vaya a saber uno con cuantos otros cientos de escapistas más.
Decía entonces que estos ipies septuagenarios alguna vez decidieron hacer de este lugar un verdadero reducto de difícil acceso, con posibilidades de crecimiento realmente limitados y con dificultades mayúsculas. No solo porque no permiten la llegada de la electricidad, sino porque además no permiten el ingreso de autos particulares al cabo. El acceso se realiza con camiones 4X4, que entran y sacan gente a través de un camino de arena de unos 30 kilómetros.
El servicio de hospedaje es bien modesto, y probablemente uno termine durmiendo, como yo, en una piecita de una casita con vista al mar. Los precios son, como era de esperar, también altos. No hay camping y está expresamente prohibido acampar en la playa. De esta manera resolvieron sus septuagenarios habitantes no tan hippies ahorrarse los problemas que conllevan la juventud, el desacato y los pelos largos.
Vuelvo a decir que Octubre me pareció un mes ideal para visitar Cabo Polonio, salvo que uno tienda al suicidio o sea demasiado sencible a la autoflagelación. Una persona mal amada, dejada u olvidada podrá tener un ataque de pánico bastante fácilmente. Basta considerar el hecho de que cerca de las 7 de la tarde el pueblo queda cubierto por una espesa niebla, la más absoluta oscuridad y la sensación de película de terror mala que tiene a un faro como único punto de referencia e iluminación. El que crea que un paisaje desolado, una buena noche de silencio, una conversación en voz baja, la ausencia absoluta de ringtones pelotudos y la conciencia ecológica como bandera es no solo una linda aventura sino también una necesidad, pues visite Cabo Polonio sin miedo. Capaz que nos veamos por allá.
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Vanidad

Se murió la Negra Sosa. Esta madrugada.
Yo pensé que iba a durar un poco más, y por eso fui algo sarcástico en mi posteo anterior, y lo estoy siendo en este momento también. Es que me fui al Congreso, a eso de las 3 de la tarde, para sacar alguna fotito. Y me encontré primero con una cola de gente, no eran muchos (creo que son siempre los mismos, que van para salir en la tele, que les encanta cuando se nos va un famoso), y después, cuando doblé la esquina, con la mediatización de la muerte. Ya la había visto con Alfonsín, pero hoy me resultó más grosera. Varios camiones de TV, cámaras por todos lados, micrófonos y muchos movileros. Muchos. Me acerqué a la entrada de Rivadavia del Congreso y entonces esto. El insoportable de Lerner con su ¿novia? (¡que buen gato pegaste Lerner!) sobre un colchón de pétalos de rosas, dando notas detrás de un valladito. Se lo veía feliz a Lerner, acompañado de su colágena mujer, que mostraba piernas y compungimiento ante semejante pérdida.
Resulta que ultimamente la muerte se convirtió en un lindo programa para el fin de semana, si es que caemos en suerte, o para un par de jornadas del más hondo sentimiento republicano, si pasa como con Alfonsín. Y los que nos pensamos comprometidos, y no tenemos algo mejor que hacer, nos damos una vueltita por el Congreso, nos dejamos sacar unas fotos, con suerte salimos por TN, y con nuestra mejor cara de circunstancia, dejamos una flor sobre el jonca. Y después a bancarse un par de días de vida y obra del muerto, la repercusión internacional y su trasfondo político (porque toda muerte lo tiene). Todo musicalizado, editorializado, enlatado y listo para consumir.
Si tenemos el don de la fama, aunque sea chiquita, aprovecharemos los minutos de aire, repetiremos las palabras harto ensayadas camino al velorio, mostraremos el gato de tacones y hasta capaz que tenemos la suerte de ser fotografiados por el ojo entrenado de uno de los mejores fotógrafos de la actualidad, un tal Mariano Iñiguez.

Vanidad, mi pecado favorito.
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Buenos Aires 2009


Autor de la foto: Yo: http://www.flickr.com/photos/marianofotografias/

Voy viendo si refloto la idea de tener un blog, y publicar constantemente. Blog ya tengo, constancia me la llevé a marzo. Como decía, la idea es obligarme a sacar fotos, publicarlas y que la gente se deleite con ellas y con las idioteces que puedo llegar a escribir. Como ya algunos saben, mi intención es largarme definitivamente a recorrer el país y por qué no la América toda. Pero necesito que ese esfuerzo no sea en vano, y conseguir buenas imagenes para que Uds. luego me comenten y compren. Bueno, digamos que lo último es una simple expresión de deseo. Creo que un blog de fotos acompañadas de un pensamiento me va a ayudar.

Y acá tienen a Buenos Aires desde una ventana, o a través de ella. Uno de sus bares. Lindo, ¿no? Un poco solitaria esa gente, no se sabe quién le hace compañía a quién. El viejo camarero cuenta la propina (yo fui camarero como 15 días, y no se por qué estoy orgulloso de eso). El otro mira la tele. Hay una botella de vino con su vaso en el pico de la botella, hay minutas y hay servilleteros como los que había antes. Falta el cenicero triangular de lata (en el 2009 no se podía fumar en los bares y restaurantes de Buenos Aires). Sí señor, tenemos una postal que nos llegó por avión, un avión que tardó 20 años en llegar.
En este preciso momento escucho a Luca Prodan cantar que se suelte el pelo, que él used to love an italian girl. Estamos a horas de que Mercedes Sosa se muera, tengo un celular Nokia azul y acompaño todo con esta foto que hice hace poquito, que atrasa, que llegó por carta, que vino desde mis recuerdos de una Buenos Aires que ya no está más.
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A votar!

Faltan horas para las elecciones legislativas 2009.
Viví con intensidad esta campaña, por primera vez en mi vida. Puedo decir que milité, a mi manera, y eso me hace sentir orgulloso. Generé debate, discutí con compañeros y adversarios, informé y me informé con avidez. Por primera vez en mi vida llego al cuarto oscuro con convicción y firmeza, sabiendo con exactitud el por qué de mi voto, cuanto hay en él de confianza, cuanto de crítica y cuanto de esperanzas.
No debiera ser cosa sencilla prepararse para una elección, ya que se trata de la herramienta fundamental del pueblo para comandar los destinos de la patria de cara al futuro. Y al pasado también. Tener la capacidad de despejar los ruidos que llegan de todos los wines, entender que hay mucha gente jodida metiendo la pezuña para generar miedo, desconfianza, operando en las sombras para inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Llegan gritos desesperados desde los medios, desde los atriles, desde el pseudo prestigio de una cámara empresarial, una asociación de la chingada o un título honorífico mal ganado. Bravuconadas, operaciones de prensa e intereses oscuros que nos tratan de confundir, y en muchos casos lo logran. En definitiva, hay que estar muy fuerte para llegar al domingo de las elecciones y saber con certeza que cosas uno mete adentro de la urna.
Para muchos, ir a votar resulta tortuoso. Supongo que es así porque lo hacen con el cagazo de estar eligiendo algo de lo que no están ciento por ciento seguros. Ninguna decisión de relevancia que se tome con dudas resulta agradable. ¿Un crédito a tasa fija en dólares, o a tasa variable en pesos? ¿Los ahorros de toda una vida abajo del colchón o en una fábrica de escarbadientes? Y para esta gente que duda, lo peor que pueden hacerle es obligarla a elegir. Ya, mañana, hasta las 6 de la tarde tiene tiempo. Seguramente no entienda el valor que tiene su decisión para el colectivo que se llama Patria. Probablemente jamás hayan pensado más allá de su ombligo. Los años de menemato y experimentos por el estilo tiene secuelas profundas en el múltiplo común divisor.
Creo que esta vez no me equivoco. Me lo dice mi corazón antes que mi cerebro. Mi voto es positivo, porque me devolvieron la esperanza, la autoestima, las ganas de seguir construyendo, la confianza en mis semejantes y en la política. Sobre todo por eso.
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