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Mariano Ferreyra II

Hace como un mes, ponele, un amigo mío, periodista, me contó que había presenciado en Constitución una pelea entre laburantes del tren en pleno hall de la estación. La cosa era entre los tercerizados y los contratados, o planta permanente, o como se llame. Resulta que al delegado de los tercerizados lo tuvieron que escoltar con la policía porque la cosa se había puesto muy violenta y casi lo cagan a palos. Ya había ocurrido la situación del corte de vías en Avellaneda, donde también hubo corridas y los mismos empleados del tren levantaron por la fuerza el corte que hicieron los tercerizados.

En aquel entonces, mi amigo periodista me dijo que el nivel de violencia venía in crescendo y que era evidente que esto venía para mal. No dijo nada más, pero, a juzgar por la escalada de los conflictos, existía la posibilidad cierta de que sucedieran hechos lamentables.

Uso el Roca todos los días para ir a trabajar. Por supuesto que prefiero que no se corten las vías, porque eso implica un dolor de cabeza para mí y para muchísimos otros que, como Ferreyra, somos laburantes y pasamos largas horas de nuestras vidas arriba de un transporte. Cuando el Roca no funciona, los medios alternativos son menos efectivos (ejemplo: un colectivo desde Plaza a Luis Guillón puede tardar entre 2 y 3 horas, cuando el tren le pone 35 minutos). Traté de explicarle mi parecer a mi amigo, acerca de la cagada que significa no contar con el tren, y su respuesta me hizo sentir una basura.

En estos meses, desde la advertencia de mi amigo hasta ayer, todo parecía encaminado en paz. El tren funcionando bien, nada de cortes, nada de actividad en Plaza, fuera de la normal. Relativicé el conflicto, creí que las cosas estarían encaminadas por las instancias institucionales correspondientes, casi que estaba contento de que se canalizaran los conflictos en paz, como una buena democracia lo hace. Me equivoqué.

El asesinato de Mariano Ferreyra enluta a la democracia argentina, a la actividad sindical, que yo creía tan madura. Enluta a las instituciones y a los poderes del Estado, que fueron incapaces de preveer, como sí hizo mi amigo, que se podía dar un hecho irracional y violento que termine con un muerto más en nuestras manos. Dejaron hacer, y acá están las consecuencias...

Siento que en algún punto subsisten en nuestra sociedad elementos que se sienten cómodos con la imposición de la violencia para la resolución de los conflictos. Eso es sabido, y no descubro nada nuevo. Creía, nomás, que el movimiento de los trabajadores, sea cual fuere su ideología política, había avanzado lo suficiente en estos años de democracia para dejar atrás definitivamente las viejas prácticas mafiosas. Es evidente que no.

El rol del Estado como mediador en los conflictos ha hecho increíbles avances. Pero insuficientes. Como laburante que soy, exijo mayor compromiso a todos los poderes estatales, a todos los actores gubernamentales, a todas las fuerzas políticas y sindicales, para que la muerte injusta de Mariano Ferreyra no sea en vano. Debemos aprender, como sociedad, que nunca está justificada la muerte de una persona que reclama sus derechos, que este tipo de actos no tienen cabida en la Argentina del siglo XXI, que el pueblo no quiere más violencia sindical, nunca más.

Hoy vine a trabajar como todos los días. El Roca funcionó igual que siempre, por lo menos a la hora que yo lo tomé. Hubiera preferido que estuviera de paro, con sus trabajadores repudiando la muerte de Ferreyra.
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1 comentario:

Florencia dijo...

Lo único que tengo para agregar es: tal cual. Tal cual.