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Las cosas del mundo

De golpe nos encontramos frente a una vida sin luz. Ultimamente, eso ocurre poco, salvo para aquellos vecinos de la ciudad que sufrieron cortes y salieron a hacer fuego en el medio de una avenida. Eso pasó hace poco.
Pero lo real es que cada vez son más inciertas las posibilidades de vivir una vida sin luz.
Yo estuve hace poco en unos cuantos lugares sin luz: un sitio en el Amazonas, otro sitio en Colombia, uno en el Uruguay y otro en Bolivia. Recuerdo uno más, donde la luz llegó hace poco, y estuve justo en el momento en el que empezaba a cambiar la vida de la gente. Para siempre. Este era de Argentina.
La luz, entonces, se ha convertido en parte escencial de nuestras vidas. Tal vez ya no nos demos cuenta, pero la la hiperconectividad eléctrica que hay en cualquier casa contemporánea no se había siquiera imaginado hace 30 o 40 años.
Mi casa, la que yo siempre voy a seguir llamando "mi casa", no fue diseñada para tamaño desafío. Y puedo intuir, cuando veo la proliferación de zapatillas que se venden en supermercados y ferreterías, que se trata de una realidad vigente en muchas casas del país.
En uno de los sitios que nombré, donde la (a esta altura ya no tengo que aclarar que cuando digo luz estoy diciendo electricidad, no?) no había llegado, me llamó poderosamente la atención todos los aparatos manuales que existen para hacer las mismas tareas que los eléctricos: taladros, balanzas, máquinas de cortar el pasto, fiambreras, bombeadores de agua, y hasta heladeras, todos instrumentos que solucionan problemas concretos de la vida de la gente sin luz.
Ayer estuve sin luz. Por un corte que duró unas cuantas horas. De hecho, me fui a dormir sin luz pero cuando me desperté ya había de nuevo. Y le presté atención a la gente que me rodeaba, que estaba padeciendo la misma situación: mis vecinos y vecinas. Toda esa rutina de siempre cambió. Nos dimos a la conversación, larga y sin tiempo. Los televisores, después de mucho tiempo encendidos a la vez en un mismo horario, ya no sonaban, y solo uno intentó cubrir el silencio de una casa apagada con una radio a pila. No podíamos soportar nuestras ruidosas vidas sin el insesante repiqueteo de una televisor, y entonces tejimos estrategias perimidas hasta entonces. Todos nos reunimos en un lugar neutral de la casa, y nos pusimos a hablar. De las cosas más absurdas, de viejos recuerdos, de la luz.
Y recordé una foto, hecha hace unos cuantos años en Tucumán. Era el medio del monte, una casa que no se venía abajo solo porque ahí llueve poco y dios es grande. Había solo una lamparita de bajo consumo, y un fuego que mantenía caliente la pava de donde este hombre servía mate para todos. Reinaba el silencio más profundo, glacial. La luz, así como yo y casi todos nosotros la entendemos, era una cosa lejana, incomprensible para este señor.




Ayer me cortaron la luz. Ya cuando la extraña conversación había terminado, bajo la luz de una vela y con la asistencia de la batería de esta computadora, me puse a elegir algunas fotos que serán parte de esta nueva serie: las cosas del mundo. Las que me maravillaron, gustaron, hicieron pensar, impactaron o molestaron. Esta es la primera.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te comento esto, Hablando con mis compañeros de teatro presisamente de cortes de luz, Sofìa contó que en su casa se habìa cortado la luz y estaba ella con familiares, entre ellos, su sobrino de 5 años, charlando todos para pasar el tiempo, contando anécdotas, inventando juegos, mietras seguìa el corte, pasó más de una hora, al fin se hace la luz! y su sobrino dice, ufa! vino la luz! ahora se termina la charla y ponen esos programas feos en la tele!!! je

MiTucumán dijo...

¡Qué lindo texto, Mariano! y la foto ¡está genial! y ensima es "MiTucumán".
Yo en mi casa voluntariamente, durante dos o tres horas apago todo: tele, compu, radio y les digo a los chicos que es tiempo de jugar afuera, desenchufados...
Tienen 6 y 9 años, son de la generación que pueden pasar tranquilamente todo el día frente a una pantalla sin mosquearse, entonces les cuesta empezar, pero el juego se termina armando con ideas inimaginables... y siempre termino agradecida de tener la fuerza y el convencimiento para seguir adelante con estos tiempos libres de vida "sin luz"