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Mangangué y Mompox - Colombia

Va una pequeña muestra de fotos de 2 localidades del interior poco conocido de Colombia. Las fotos están más o menos porque estuve pajero por el calor y los largos viajes.
Colombia tiene la gente más amable del mundo. Lo quería decir, porque se merecen ese reconocimiento. Y aman a los argentinos. Eso lo digo por lo raro que es encontrar un país que nos demuestre ese cariño de toque.

Basta de pavadas. Van las fotos.














Solo agregar que Mompox ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco en 1995. Cuesta llegar, pero vale la pena.
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Iquitos

El asedio de los motocarros. El sol, la lluvia y los zancudos. Iquitos, ciudad sitiada por río, aire y tierra, sin embargo, goza de la vitalidad generosa de la humedad y el transitar de los humanos, que a todo le agregan el ruido. Por acá, el de los motocarros que sacuden la modorra de la siesta en plácidas hamacas. Por allá, el de huaynos y cumbias que palpitan a todo volumen y atraviesan techos de palma y se arremolinan al paso de los autobuses de madera destartalada.




Iquitos es un sueño a medio camino entre el pánico de una noche afiebrada y el vértigo de una mañana en la que falla el despertador. Es el recuerdo de un sueño amazónico, interrumpido en una eternidad que se va imponiendo al cachetazo de realidad que estalla en agridulces transurrires sudamericanos.






Más allá del río Marañón, donde otros se cruzan y entreveran, nuestro santo y héroe da nombre a una comunidad que también libra su emancipación, acaso más silenciosa, lo mismo inconclusa (ironía igualadora de la historia de los libertadores americanos); San Martín de Tipishka reposa su manso transcurrir de pescadores-recolectores en el corazón del sitio donde el mismísimo dios apoyó su índice izquierdo para dar comienzo al giro original.





Aquí la palabra parece estar sobrando, toda vez que los sonidos de la selva mecen la cuna del hombre, que permanece a su merced pese a sus constantes intentos.





El peruano se desliza en bote de su factoría. Observa con ruinosos ojos a su alrededor. Todo lo que llega a ver es un ciclo de agua que lleva una eternidad horadando sus fantasías más ególatras.



El peruano asiente satisfecho al llamado, apura los remos, esboza una sonrisa y desaparece en una vuelta del río, adonde su caña será nuevamente herramienta de su venturoso existir.


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Lúmpen


Altamente descriptiva la palabra lumpenaje.
Tiene sonido, imagen y te sacude el cuerpo.
Porque lo lúmpen tiene hasta la sordidez de la cerveza caliente.
En un barrio ferroviario.

Por pura bohemia me mudo a Constitución.

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