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Kircherismo para armar - presentación


Se presenta un libro donde tengo una pequeña participación.
Desde aquí, un agradecimiento a los/las compañeros/as que lo hicieron posible, que me convocaron, y una invitación a Ud, querido/a seguidor de este blog, para estar presente en dicho ágape.

Salud!
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El chori, los orgánicos y el peronismo




Era todo risas en una mañana que por momentos me hizo creer que Londres se había mudado a San Telmo. Había un Rastrojero con un altoparlante que daba vueltas y un par de viejas paseando perritos y unos borrachos y un puñado de loquitos colgado banderas, afiches y bajando una parrilla a un parque. Había absurdas risotadas y esas ganas de hacer cosas que le agarran a uno cuando está acompañado por gente a la que quiere. No había el sol, pero sí teníamos las esperanzas de que ese día fuera todo un día peronista.
Alguna vez tendríamos que ponernos de acuerdo y apagar todos nuestros celulares a la vez y para siempre. Creo que así seríamos gentes más felices tomando decisiones más coherentes para resolver los problemas que realmente importan. Si apenas intuí que ese nombre que aparecía en la pantalla de mi teléfono me traería dolores de cabeza, nunca hubiera creído lo que se vino después, unicamente por los límites a la capacidad de asombro que, hemos visto, todavía son muy estrechos.
La señorita del otro lado de la línea demostraba un interés muy particular por nuestros chorizos.
Te quedan bien esas botas - podría haberle dicho a la señorita – te falta la gorra, nomás.
Ironías de una jornada que haría retorcer de risa a un Lanata leyendo la página 5 de Libre en su inodoro, la señorita se esforzó por parecer tan preocupada por resolver nuestro problemita a su favor que se le pasó el hecho de que lo primero que hace un peronista orgánico es defender a sus compañeros. Y que tampoco le admitiría a quienes son objeto de sus esfuerzos que un nuevo documento crítico que llegase al máximo de la pirámide de mandos de la organización le sería, al menos, incómodo. Más vale que si, como dicen, es la señorita y los que están arriba de ella (por favor, no me malinterpreten) tan peronistas como el mismísimo Perón, lo que hubieran hecho es regalarnos unas palmaditas en la espalda con la mano que no sostiene el choripán. Y lo charlamos luego.
Esto de que cuando no hay enemigos afuera aparecen los de adentro parece que tiene algo de verdá. O si no preguntenle a la señorita, que tres horas después de cagarme el incipiente día peronista por teléfono, ya de cuerpo presente, logró que el puñado de loquitos que habían bajado la parrilla, la subieran. A la camioneta. Y todo porque hay un par de resentidos, rosqueros de profesión, que, como perro viejo, no cogen ni dejan coger.
Si algo les faltaba, eso era imitar las ridiculeces del radicalismo, las trosqueadas de los troscos y las viejas prácticas menemistas del pejotismo de la capital. Pues bien, señoras y señores, esa puta parrilla con choripanes se había convertido en la agenda del día para buena parte del nuevo peronismo, en una jornada que seguiría gris y que, a este paso, ya nunca recuperará los colores de la primavera.


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